Por distintas razones personales no me voy a referir al trabajo grupal en sí mismo, sino que me limitaré a realizar un análisis crítico del producto final.
La situación está. Se ve, se percibe y se entiende. El ambiente aporta muchos datos, que se complementan con las características de los dos personajes en cuestión. Las acciones, si bien podrían haberse trabajado con mayor profundidad, responden todas hacia una misma finalidad. Los sonidos, que en algún punto también faltó trabajarlos, contribuyen al desarrollo de los planos y al incremento de la velocidad del corte en algunos casos. Por todo esto concluyo que, objetivamente hablando, la situación existe y funciona. Por decirlo de alguna manera, no hay muchas dudas acerca de lo que sucede y de lo que sucedió anteriormente. Lo único que yo creo que deja dudas a nivel narrativo es que sucede fuera de la habitación. En fin.
Por otra parte, mencionandolo en forma de completa opinión personal, hay ciertas cosas que se puede decir que fallan en cierto punto. En primer lugar, algunas acciones se contradicen en alguna medida. No queda claro la pretensión emocional, en el sentido de que por una parte parece querer tener un efecto cómico y por otra uno mucho mas cercano al dramático. Si bien ambos puntos pueden aparecer en una misma situación, en esta personalmente creo que no se presentan muy definidos. O por lo menos no se los ve de la mejor manera como para que se complementen mutuamente. No estoy seguro qué hubiera mejorado esto, si el clima, la actuación, etc. Algunos planos hubieran orientado más, otros quizás sobraban; el tema es que no puedo evitar percibir al ver el video que transformamos una situación bastante grave en algo relativamente cómodo de ver para el espectador, que no acapara demasiado su atención. Esto lo percibo individualmente, puede no ser correcto. Sin embargo, rescato el producto final como proceso de una serie de aprendizajes acerca de qué cosas contribuyen más y menos en una puesta en escena.
jueves, 10 de julio de 2008
martes, 17 de junio de 2008
Situación. Primera secuencia.
Todavía falta. Hay que trabajar más la velocidad de planos y el desarrollo de la situación cuando ya está manejando.
jueves, 12 de junio de 2008
lunes, 2 de junio de 2008
A quien le interese ...
Luego de la teórica de Diego (la primera que en mi opinión estuvo buena después de muchas) y de ver la pedacito de película del travelling del hombre caminando sobre el puente, parandose frente al loco, contemplándolo y alejandose; me acordé de una cosa que había escrito hace mucho. Me pareció acorde al trabajo que hay que hacer ahora. Fue el año pasado. Material sin editar.
DOS REALIDADES
Caminando por Santa Fé y llegando a la esquina de la estación Palermo, justo antes de cruzar J.B. Justo, me encuentro con una situación trágicamente típica de la ciudad, a la que todos estamos de alguna manera "acostumbrados".
Semáforo rojo. Filas de autos en su mayoría lujosos, muchos con vidrios polarizados, muchos con alta prioridad en llegar a destino.
En lugar de cruzar dicha avenida, procedo a quedarme parado en medio de la masa de gente que entra y sale al galope de la mencionada estación. Para observar el espectáculo.
Apenas el semáforo se puso rojo, un niño de ropas rotosas y manos mugrientas se para en el medio en la senda peatonal con tres pelotas pequeñas de colores en las manos, y procede a realizar una serie de malabarismos con las mismas.
La razón por la cual me quedé clavado en la esquina fue para fijarme como afectaba esa imagen a los conductores que se veían "obligados" a mirar.
En el auto que se encontraba mas cerca mío, se veía que su conductor y las personas en su interior, apenas el muchacho comenzó a hacer malabarismos, nerviosamente subieron las ventanillas y bajaron la traba de seguridad de las puertas. Acostumbrado a fijarme en la modulación de la gente, noté que en ningún momento nadie dijo una palabra. Parecía existir un acuerdo tácito entre sus ocupantes, que aguardaban exasperadamente a que el semáforo les diera luz verde para alejarse a toda velocidad de dicho cruce, bajar las ventanillas y olvidarse de dicha situación como si hubiera sido un mal sueño.
Yo en ese momento pensaba que nadie tiene inconveniente, por ejemplo, en mirar esos programas de televisión donde reportean a chicos famélicos aspirando poxi-ran a las cuatro de la madrugada. Pero en ese momento, la escena de un niño haciendo malabarismos con tres pelotas de colores parecía, al menos por un instante, incomodar a todos los pasajeros, ponerlos en frente de algo que siempre preferían evitar. Y cómo no, esa era una imagen real, en vivo y en directo, de lo bajo que caía la dignidad humana. Y no había forma de escapar.
El muchacho concluyó su pequeño espectáculo y se asomó a varias ventanillas para pedir una moneda. En este caso noté que cuando se acercaba, muchos no solo no bajaban la ventanilla sino que ni siquiera lo miraban, movían la cabeza con la mirada fija en el parabrisas. El niño parecía representar un ser extraño, ajeno a la "realidad".
Cómo les afectaba esa imagen de la "otra" realidad entonces? Se indignaban? Sentían desprecio? Sentían lástima? Sentían miedo?
Luz verde.
DOS REALIDADES
Caminando por Santa Fé y llegando a la esquina de la estación Palermo, justo antes de cruzar J.B. Justo, me encuentro con una situación trágicamente típica de la ciudad, a la que todos estamos de alguna manera "acostumbrados".
Semáforo rojo. Filas de autos en su mayoría lujosos, muchos con vidrios polarizados, muchos con alta prioridad en llegar a destino.
En lugar de cruzar dicha avenida, procedo a quedarme parado en medio de la masa de gente que entra y sale al galope de la mencionada estación. Para observar el espectáculo.
Apenas el semáforo se puso rojo, un niño de ropas rotosas y manos mugrientas se para en el medio en la senda peatonal con tres pelotas pequeñas de colores en las manos, y procede a realizar una serie de malabarismos con las mismas.
La razón por la cual me quedé clavado en la esquina fue para fijarme como afectaba esa imagen a los conductores que se veían "obligados" a mirar.
En el auto que se encontraba mas cerca mío, se veía que su conductor y las personas en su interior, apenas el muchacho comenzó a hacer malabarismos, nerviosamente subieron las ventanillas y bajaron la traba de seguridad de las puertas. Acostumbrado a fijarme en la modulación de la gente, noté que en ningún momento nadie dijo una palabra. Parecía existir un acuerdo tácito entre sus ocupantes, que aguardaban exasperadamente a que el semáforo les diera luz verde para alejarse a toda velocidad de dicho cruce, bajar las ventanillas y olvidarse de dicha situación como si hubiera sido un mal sueño.
Yo en ese momento pensaba que nadie tiene inconveniente, por ejemplo, en mirar esos programas de televisión donde reportean a chicos famélicos aspirando poxi-ran a las cuatro de la madrugada. Pero en ese momento, la escena de un niño haciendo malabarismos con tres pelotas de colores parecía, al menos por un instante, incomodar a todos los pasajeros, ponerlos en frente de algo que siempre preferían evitar. Y cómo no, esa era una imagen real, en vivo y en directo, de lo bajo que caía la dignidad humana. Y no había forma de escapar.
El muchacho concluyó su pequeño espectáculo y se asomó a varias ventanillas para pedir una moneda. En este caso noté que cuando se acercaba, muchos no solo no bajaban la ventanilla sino que ni siquiera lo miraban, movían la cabeza con la mirada fija en el parabrisas. El niño parecía representar un ser extraño, ajeno a la "realidad".
Cómo les afectaba esa imagen de la "otra" realidad entonces? Se indignaban? Sentían desprecio? Sentían lástima? Sentían miedo?
Luz verde.
domingo, 1 de junio de 2008
jueves, 29 de mayo de 2008
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